Producto hecho a mano: ¿sabemos apreciarlo realmente?
En los últimos tiempos se ha producido un cambio en la tendencia de compra de los consumidores. Cada vez son más las personas que prefieren comprar un producto hecho a mano antes que uno que se haya producido en masa. Son personas que han aprendido a apreciar el valor añadido que da la producción artesanal.
Esto genera nuevas oportunidades para aquellos vendedores que os queréis diferenciar del resto. Porque un producto hecho a mano siempre es motivo de diferenciación.
Producto hecho a mano vs. producto manufacturado

Un producto hecho a mano se diferencia de un producto manufacturado en varios factores. El principal de ellos la forma en que se producen. Mientras que un producto manufacturado se produce de forma seriada, un producto hecho a mano se hace de uno en uno y de forma única.
En el ámbito de la productividad, existen 3 grandes factores diferenciales entre ellos: Diferencia, cantidad y calidad. No se puede hablar de ningunos de estos factores sin implicar a los otros dos al mismo tiempo. Por ejemplo: si la diferencia es algo que el proceso mecánico de producción quiere evitar – puesto que busca la homogeneidad – en el producto hecho a mano la diferencia se relaciona con la exclusividad, la cercanía, la originalidad, etc.
A nadie se os escapa esa aura grisácea y polvorienta que posee todo aquello que es producido mecánicamente en comparación con lo hecho a mano. Esto está irremediablemente relacionado con la cantidad y la calidad. No obstante, eso no quiere decir que lo manufacturado no pueda llegar a ser de calidad ni que lo mecánico deba ser siempre así; existen otras formas de dar valor a un producto, ya sea de un lado o del otro.

Los pequeños “fallos” marcan la diferencia
Nos engañaríamos si pensásemos que algo producido en serie tiene más calidad por no tener pequeños fallos o diferencias entre sí, pues es justo esto lo que vuelve gris a aquello que acabará por llevar o usar todo el mundo.
Evidentemente, un vendedor no se arriesga por lo normal a tener productos hechos a mano en su tienda. Pero quizás aún no se ha dado cuenta que aquella gente que realmente busca un producto artesanal sabe valorar todo aquello que lo hace diferente; si esto no fuese así, simplemente buscarían estos productos en las grandes empresas que pueden desarrollar esa repetición de manera óptima.

Sin embargo, tampoco nos engañemos en el sentido contrario, pues yo no llevaría a mi tienda algo roto o en mal estado, sino que entraría a valorar si esa pequeña imperfección me está ofreciendo una posibilidad de destacar su carácter artesanal o si, de manera contraria, es un defecto sin más.
En DINDIA nos gusta proporcionar este balance en cada producto que pasa por nuestras manos, tanto las de los artesanos, las nuestras propias, las de vendedores y sus compradores posteriores. Sin duda, esto presupone un filtro, desde el primer momento, para aquellos productos que tengan imperfecciones que afecten claramente a la pieza.
Mientras que al cliente de productos artesanales se le sigan aplicando los mismos convencionalismos que utilizan los grandes productores, realmente no estaremos conociendo a nuestro cliente y, además, nos echamos piedras a nuestro propio tejado, pues solamente un cliente que busca las cualidades de lo artesanal puede dar fuerza a este modo de entender el mundo y las cosas que en él encontramos.
En este ámbito una imperfección que no llegue a distorsionar demasiado la pieza puede suponer un atisbo de espíritu, de vida real y de verdadero contacto con los artesanos y sus propias vidas.
Por esto, en DINDIA nos gusta considerar esas pequeñas diferencias elementos que le dan un valor y carácter único a cada una de las piezas con las que trabajamos y que traemos para ti y tu negocio.